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Cantinfleo de terroristas y fiscales para ocultar injusticia con Los Cinco
Por István Ojeda Bello
El sistema judicial y el gobiernoestadounidenses se desdicen una y otra vez en
un indescifrable “cantinfleo” más parecido a los enredos lingüísticos que
inmortalizaran al inolvidable comediante mexicano, Mario Moreno (Cantinflas).
El único propósito de estos galimatías es mantener a “sus” terroristas en la
calle mientras persisten el arbitrario encarcelamiento de Los Cinco.
Términos como “cambio de sede”, “juicio justo” o “lucha
contra el terrorismo” parecen tener sentido cuando así lo disponen los
intereses políticos del momento. Esa es la única conclusión posible tras
observar qué ocurre con los procesos judiciales que involucran a Jeffrey K.
Skilling, ex presidente de ENRON y al ex agente de la CIA, Luis Posada
Carriles; frente a cómo se han desarrollado los diferentes episodios del juicio
y posteriores apelaciones de René González, Antonio Guerrero, Fernando
González, Ramon Labañino y Gerardo Hernández.
Donde dije digo…
En una decisión sumamente interesante la Corte Suprema de
los Estados Unidos revisará los estándares vigentes sobre el cambio de sede
para un acusado enjuiciado en una ciudad donde existe un ambiente hostil y
prejuiciado. La determinación es consecuencia, no de que haya recordado la
existencia de los héroes cubanos, sino que la Corte aceptó atender la apelación
presentada por Jeffrey K. Skilling, ex titular de la trasnacional ENRON.
El ejecutivo alega que su condena a 24 años y cuatro meses
de prisión, más una multa de 45 millones de dólares, fue el resultado de un
proceso contaminado por “publicidad inflamatoria y omnipresente” por parte de
los medios de comunicación.
Skilling, para muchos el chivo expiatorio de uno de los
fraudes corporativos más sonados de la historia, considera que no tuvo un
juicio justo porque este se desarrolló en Houston, Texas, la misma ciudad donde
reside la mayoría de los 20 mil empleados que perdieron sus empleos tras la
quiebra de ENRON.
Recuérdese que el año pasado contradictoramente la Corte
Suprema se hizo de la vista gorda cuando el equipo de defensa de Los Cinco
presentó su apelación con el argumento central de que René, Antonio, Fernando,
Ramon y Gerardo fueron víctimas del ambiente similar en Miami.
O sea que Corte Suprema tiene una noción tan flexible de lo
que significa garantizarle un juicio imparcial a los acusados que le acepta la
apelación a un “prominente” ex ejecutivo de una empresa líder en la
financiación a puesto claves de varias administraciones; pero no se la concede
a cinco cubanos cuyo único delito era velar por la seguridad de Cuba y los
Estados Unidos.
Tsunami solidario
Mientras tanto la rama ejecutiva trata de mirar hacia otro
lado para no ver el tsunami que se le viene encima en la forma de 20 mil tarjetas
enviadas por correo a la Casa Blanca con un solo reclamo a Obama: que haga
valer las prerrogativas constitucionales a su disposición y retire los cargos
contra los Cinco solucionando así, de una vez y por todas, un asunto que
enturbia seriamente las relaciones entre ambos países.
Hasta el momento desde diversos lugares de los Estados
Unidos, entre ellos Florida, Kentucky, Massachussets, Minnesota, New York,
Oregon, Texas, Washington DC, Wisconsin, así como de ciudades del norte y sur
de California ya se están enviando las primeras tarjetas.
Ya se sumaron a la iniciativa comités de solidaridad con Los
Cinco de Alemania, Argentina, Belice, Bolivia, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, El Líbano, El Salvador,
España, Francia, Guatemala, Irlanda, México, Perú, Puerto Rico, Suecia, Suiza,
Uruguay y Venezuela.
El silencio es el único recurso de Washington ante su
incapacidad manifiesta para mostrar una política coherente en materia de lucha
contra el terrorismo. No ya por sus controvertidas estrategias en las montañas
de Afganistán o el desierto yemení, sino por su desempeño en las refrigeradas
salas de sus propios tribunales.
Si los fiscales han sido sumamente diligentes en mantener en
prisión a cinco cubanos cuyo único propósito en aquel país era prevenir eventuales
ataques terroristas que habrían costado la vida a ciudadanos cubanos y
estadounidenses; raya en el ridículo la incompetencia del Departamento de
Justicia para poner tras las rejas a uno de los peores asesinos de la historia
reciente del hemisferio.
¿La mentira genera adicción?
Y es que en otro más de sus malabaresco movimiento, Luis
Posada Carriles se las sigue arreglando para mantener su juicio por fraude
migratorio en el ritmo y términos más cómodos para hacerlo interminable;
poniendo de paso, cada vez más en duda la determinación de la administración
Obama de luchar contra el terrorismo.
Desde luego no estarían así las cosas de no ser por la
“conveniente” ayuda de sus ¿acusadores? o sea el mismísimo gobierno, cuyo mayor
preocupación es mantener ocultos los vínculos del Bin Laden americano con la
Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Como zorro viejo en los menesteres de enviar mensajes
cifrados Posada esgrime ahora el argumento de que mintió a los oficiales de
inmigración porque estaba “confundido, equivocado y sufría de falta de
memoria” por culpa de los muchos años en
que estuvo al servicio de la CIA.
Antes Posada había echado mano a toda clase de tecnicismo
léxicos para decir que no mintió en su solicitud de ingreso al país y que
tampoco negó haber participado en la conspiración para hacer estallar bombas en
La Habana en 1997, una de las cuales mató al joven Fabio Di Celmo en el bar del
Hotel Copacabana.
Como esta jugarreta no tuvo los resultados esperados ahora
el terrorista le está diciendo al gobierno: “cómo mismo miento, la confusión
puede hacer que se me suelte la lengua y comience a hablar de lo mucho que
tiene que ver la CIA en mi amplio historial de acciones violentas contra Cuba”.
Washington tomó nota rápidamente y continúa haciendo todo lo
posible para mantener bajo siete llaves el secreto de la décadas en que Posada
fue el agente estrella de la CIA para atentar contra Cuba.
Curiosamente emplean el socorrido argumento del peligro que
correría la “seguridad nacional” si salieran a la luz dichos vínculos; el mismo
que arguyeron para alejar de los ojos del equipo de defensores de Los Cinco,
miles de documentos supuestamente probatorios de la culpabilidad de los
luchadores antiterroristas cubanos.
Nada, que entre el cantifleo legal de los terroristas, la
inoperancia cómplice de los fiscales para hacer verdadera justicia y la “flexibilidad”
en la interpretación de los hechos que padecen los jueces, como diríamos si
contáramos una film policíaco de quinta
categoría: los buenos siguen presos y los malos toman martinis en sus casas.
Evaluar, medir, valorar… son términos que se asocian con la retroalimentación de los procesos comunicativos. Este elemento cobra una significación inigualable cuando se trata de ajustar y mejorar el quehacer. Sin embargo, no suelen aparecer con recurrencia mecanismos instituidos para garantizar la retroalimentación en los órganos de prensa.